Enseñar a pensar y a aprender

1. ¿Año nuevo escolar? Al igual que una serie de celebraciones por el nuevo año dependiendo de las costumbres occidentales y orientales, este inicio festivo se ve matizado en nuestro país diverso por detalles que nos hablan de la fragmentación que existe en nuestra sociedad. Por ello el año nuevo escolar, el inicio de las clases, será de una forma u otra según la institución escolar sea pública o privada.
Caracterizan estos días, que deberían ser de celebración -por los nuevos aprendizajes que tendrán nuestros hijos y porque avanzarán en el conocimiento y respeto que se debe tener para ser ciudadanos y vivir en democracia-, los uniformes, los útiles, la lonchera, y un sinnúmero de materiales adicionales -unos adquiridos a través de la institución educativa, otros en la feria o librería del barrio- dependiendo de la capacidad adquisitiva. Todo mezclado, al punto que lo esencial -el pensar y el aprendizaje se pierde.
Una experiencia nueva para los más pequeños, pues se separan de sus padres, para estar con otros niños/as y con una maestra/o. Nos hemos preguntado ¿cómo procesan esa separación, esa soledad en las horas que pasan? Afloran una serie de sentimientos, preguntas que el pequeño se hace, pero no se encuentra en confianza con los demás. Otros más desinhibidos, porque están estimulados, saben desempeñarse en distintos escenarios, etc. tienen un comportamiento diferente.
Los que cambian de grado, tienen una experiencia diferente, otros amigos, otros profesores, otras materias, otros juegos, otro trato. Todo ello con la finalidad de que el estudiante conozca de ciencias naturales, de matemáticas, de ciencias sociales, que aprenda a expresarse, que desarrolle su razonamiento verbal y lógico matemático, un segundo idioma y soportes intelectuales y académicos que requerirá para la vida y la elección de su quehacer futuro.
Es el inicio y desarrollo de diversos procesos que deberían tenerse en cuenta cuando se planifica el año escolar, cuando se diseñan las unidades de aprendizaje, cuando es necesario contar con un clima de aula que incentive y no disperse, que confluya en la construcción del conocimiento y en la formación física e intelectual de los alumnos.
Dentro de sus meditaciones el docente, más allá de su planificación escolar, relacionada con lo técnico (currículo, metodología, didáctica, actividades), lo pedagógico (darse tiempo para responder a preguntas centrales en la formación de los alumnos desde pequeños), la formación ciudadana, los valores, y otros contenidos, surgen preguntas sencillas, pero profundas, por ejemplo ¿cómo enseñarles a pensar a los alumnos? ¿cómo motivarlos? ¿cómo enseñarles a aprender? ¿Qué deben hacer para descubrir sus capacidades, habilidades y desarrollarlas? Trataremos de elaborar algunas respuestas que puedan servir de apoyo, pero no de recetas. Cada docente debería poner aquello que encierra su genio de maestro, pues debe ser un creador.
2. ¿Qué es enseñar y aprender a pensar? Todos los estudiantes pueden y deben aprender a pensar. Todos los docentes pueden y deben enseñar a pensar a sus estudiantes. Es parte de la educación. Los alumnos no son una “tabla rasa” donde se inscribirán nuevos conocimientos, reglas y formas de comportarse. Ellos ya utilizan una variedad de tipos de pensamiento que les permite comparar y elegir; presentir; tomar decisiones. Tenemos que contar con todos los elementos para poder decir que el pensamiento habitual nos invita a pensar. A desarrollar la capacidad para aprender que nos permita conocer y buscar la información que necesitamos, en un momento preciso para resolver una dificultad.
En los años ochenta, estudios sobre habilidades del pensamiento hallaron tres principios fundamentales: “Cuanto más explícita es la enseñanza del pensamiento, más efectiva resulta”; “Cuanto mayor es el clima de reflexión en la clase, más alumnos valoran la capacidad de pensar”; “Cuanta más integrada es la enseñanza del pensamiento en la transmisión de los contenidos, más piensan los alumnos sobre lo que están aprendiendo”. (Cultura de Pensamiento. Aprender y enseñar a pensar de Carmen González. Profesora. Salamanca, España). Estos principios forman la base para lo que se llama la fusión del pensamiento crítico y creativo con los contenidos del currículo. Este es el secreto para estructurar las clases. Por ello debemos trabajar en la perspectiva de cambiar el concepto del currículo. Debe dejar de ser una colección de elementos aislados de conocimiento y convertirse en el material con el cual se toma decisiones y se formula juicios. Es importante enseñarle a los alumnos cómo usar la información y los conceptos que permiten optar y resolver problemas de manera segura.
El currículo tiene muchos elementos para enseñar a pensar. Abordando una materia, podemos estimular a los alumnos a darse cuenta que necesitan contrastar fuentes de información, desarrollando en ellos una capacidad que la pondrán en práctica en otros muchos contextos de la vida cotidiana.
Recuerdo -en mi época de estudiante- que el maestro, por ejemplo, mostraba unas láminas sobre un tema. Luego nos pedía que redactemos algo sobre lo visto. Además, que narremos un hecho donde estemos involucrados todos y luego compartirlo, ponerlo en común. De esta manera aprendimos a reflexionar contrastando las fuentes de información, y diferenciando si existían otros datos más certeros que otros. De esta forma íbamos adquiriendo una perspectiva crítica, que la podíamos utilizar no solo para la asignatura sino para la vida.
Cierro el punto con una reflexión de la Lic. María Cristina Cicarelli: “En vez de fijar la mirada en los objetivos finales, es decir, en el lugar al que se tiene pensado ir, importa el recorrido que se hace en ese proceso y que conduce al lugar que se quiere llegar. No se da un valor absoluto a la adquisición de determinados contenidos sino que se tiene en cuenta el contexto para adaptar la información. También se supera la idea de la memorización de datos como medio para obtener resultados satisfactorios en la enseñanza, por ser una forma superficial de adquisición de la información. Interesa la comprensión de la información básica que facilita la construcción del conocimiento, así como el descubrimiento de los caminos que posibiliten adquirir la información que se necesita para otros momentos de su vida. Desde este enfoque constructivista, se potencia el pensamiento independiente y divergente, que facilita la reflexión y el sentido crítico ante las distintas fuentes de información y que ayuda a conocer la validez y exactitud de los datos que se proporcionan. Este pensamiento divergente está en relación con el proceso creativo y con la diversidad de opciones en relación con la información que hay que adquirir y las estrategias que convienen seguir, frente a un pensamiento convergente o único. Desde esta mirada, el docente no es el que imparte los conocimientos y el alumno los recibe tal cual son emitidos, sino que se atiende más al proceso que a la asignatura. Tampoco se utilizan programas y métodos rígidos, estandarizados. Se respeta la capacidad y el ritmo individual. El sujeto, entonces, es autónomo y gestor de sus propios aprendizajes, disponiendo de ciertos componentes, como ser:” (La capacidad de aprender a pensar)
3. ¿Cómo enseñar a pensar? No se trata de aplicar recetas, sino de utilizar los contenidos que nos proporciona el currículo. Muchos llaman estrategias, pero se trata de desarrollar habilidades, por ejemplo. ¿Cómo enseñar a diferenciar ideas principales de las secundarias en un texto de lectura? También ¿cómo enseñar a proyectar un trabajo (tarea) estableciendo etapas y secuencias de operaciones, el tiempo de cada una y los recursos que se requieren? Enseñar a pensar no es asunto exclusivo de las ciencias o de las letras, de la filosofía o de las matemáticas, sino se puede desarrollar a través de todas y cada una de las áreas, como expresa Ruggiero, V, R, (1988 en: Teaching Thinking across the curriculum. New York, Harper anr Row.) y Fischer (FISHER, R. (1990): Teaching children to think. Oxford. Basil Blackwell), citado por Mª Rosa Elosúa (UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID. 1993. EDICIONES NARCEA, CAP. 1 A 4.)
Vigotsky ya nos dijo que los procesos cognitivos se desarrollan por las interrelaciones sociales que el sujeto realiza en su entorno. Estas capacidades cognitivas se transmiten socialmente y se mediatizan en su uso por contextos culturales. Y aquí recordemos lo aprendido cuando estudiamos “la zona de desarrollo próximo”. Es aquí donde se empieza a enseñar a pensar, y para ello se requiere que el profesor previamente detecte los aprendizajes previos de los estudiantes. Cuanto mayor sea la dificultad que se diseñe para que el alumno desarrolle sus capacidades,, requiere de más intervenciones directas y ayuda del docente. Estas estrategias cognitivas surgirán mediante el entrenamiento y demuestran que el alumno puede hacer un mejor uso de lo que conoce y de lo que sabe hacer. A partir de ello se le debe capacitar para buscar nuevas respuestas a nuevos problemas que surjan. En la medida que el alumno toma conciencia de los procesos de su pensamiento, desarrolla su capacidad de conocimiento y control de las propias estrategias cognitivas, motivacionales.
Giroux (1990) nos dice que la posibilidad de enseñar a pensar se centra en el papel mediador del profesor en el proceso del aprendizaje del alumno y del profesor como agente cultural crítico y activo en el entorno social.
Sin duda quedan otros puntos pendientes. Se ha alcanzado unas pautas para tenerlas en cuenta en este trabajo pedagógico de enseñar a pensar, que es invisible a los ojos de la sociedad, de la comunidad, pero es importante.
4. Enseñar a pensar y aprender a aprender. Palabras que encierran conceptos que tienen relación directa con la educación y que están presentes en la práctica educativa. Escuchamos hablar de Piaget, de Vigotsky, de Ausubel y otros, sin embargo no los hemos leído sino en aquello que se requería. Dejamos de lado el contexto desde el cual los alumnos estudian, piensan, diseñan sus hipótesis y elaboran sus conclusiones. Por ello cuando estamos planificando las actividades, cuando nos encontramos en el aula, sólo con los alumnos, nuestro desempeño no interpela a nuestro conocimiento, sino se adapta, repite y sin querer retornamos a conceptos y enseñanza tradicional. No dejamos que el niño piense, construya su pensamiento y así aprenda. Todo lo contrario, creemos que sabe si repite al pie de la letra y no con una elaboración personal.
Hemos olvidado que el papel del profesor es cada vez más el del profesor tutor que favorece y ayuda a aprender. Enseñar a los alumnos a pensar sobre la información que reciben y saber elegir y seleccionar es una función del profesor-tutor que fomenta el aprender a aprender de forma responsable y crítica. Nos dice Piaget (artículo “Une éducation pour la paix est-elle possible?” (¿Es posible una educación para la Paz?) escrito en 1934): que la necesidad de fomentar la cooperación y el desajuste del punto de vista personal y cultural y aprender desde la educación formal, a respetar y a situarse en el punto de vista del otro …, es imprescindible para educar para la paz, para la convivencia escolar y social, y señala que el fin fundamental y prioritario de la Educación, es formar personas sociales, no parcialmente sociales. Por ello ante tanta información dentro y fuera de los contextos escolares, es necesario enseñar a pensar para afrontar de forma crítica y constructiva las diferentes perspectivas y puntos de vista sin caer por ello en la agresión y violencia física o verbal.
Por ello es necesario que las instituciones educativas desarrollen programas y métodos de enseñar a pensar y aprender a aprender desde una perspectiva amplia, que el solo obtener resultados académicos, de manera libre, autónoma, promoviendo la autoeducación y promoviendo la convivencia, a pensar, a reflexionar y razonar en lugar de dejarse llevar de arrebatos violentos.
5. Concluyendo. En pocas palabras, enseñar a pensar se relaciona con movilizar y estimular procesos cognitivos básicos y conocimientos de forma reflexiva y no automática, especialmente aquellos temas y situaciones personales y sociales-escolares-laborales que se fundamenten en acuerdos y negociación: para elaborar un trabajo académico y repartir las tareas, los roles, las responsabilidades, etc. hasta el intercambio de opiniones personales en cualquier materia.
Enseñar a pensar presupone dejar de lado la sobreprotección al alumno, creyendo que el docente tiene todas las respuestas para todas las necesidades (afectivas, cognitivas, etc.) del alumno y no confiando en su capacidad autónoma.
De ninguna manera se cuestiona el rol del docente, pero sí se exige la modificación de hábitos que se han ido transmitiendo como fruto de una formación pedagógica “desconectada” de la realidad cotidiana de las aulas, y que no permite reconocer que las necesidades han variado. El docente no es el de antes y el alumno no es como en nuestro tiempo. La figura del educador y educando ha cambiado y eso debemos aceptarlo y reconocerlo.
Debemos en nuestros IE, empezar en la modificación de las prácticas pedagógicas, reinventar las propuestas para hacer más viables las “rutas del aprendizaje”. Sintonicemos con la premisa central de la Escuela Nueva: enseñar a pensar. Pero esto exige primero que el docente aprenda a enseñar. Sin duda todo un desafío que cada actor del proceso educativo debe asumir.
Se ha iniciado un nuevo año escolar. Nuevas perspectivas. Buenas noticias de que se está avanzando. Habrá dificultades sin duda. Pero que en la IE y sobre todo en cada aula, que la creatividad se instaure, que la consigna sea enseñar a pensar y aprender. Que se valore el conocimiento previo con que vienen los alumnos. Que Ausbel no se quede en el armario, sino releerlo y tratar de “bajarlo” al aula, pues él nos dijo que el aprendizaje es un proceso por el cual se relaciona la nueva información con algún aspecto que ya existe en la estructura cognitiva de un alumno, que sea relevante para el conocimiento que se intenta aprender. No debe olvidarse que el desarrollo cognitivo se puede entrenar, tal como han demostrado numerosas investigaciones y se logran mejores resultados que con el procedimiento único de memorización y que cada alumno aprenda por sí mismo. Esta debe ser la justificación del currículo para estimular el desarrollo cognitivo con métodos de “enseñar a pensar y aprender a aprender”, y estimulando de manera permanente el querer aprender. El aprendizaje debe tener un significado para el estudiante, si queremos que no se quede en palabras o frases que se repiten de memoria. Esperamos que así sea, por el bien de los alumnos, la comunidad y el país.

Fuente: http://foroeducativo.com/